jueves, 3 de noviembre de 2011

Lo que dijo Eduardo.

Salió de su consultorio de calle florida y emprendió su vuelta al departamento, pensaba en que le daba fiaca cocinar para él solo, así que quizás pedía unas empanadas.

Se alarmó cuando dio cuenta que, aunque sus pies estaban en contacto con el pavimento de BsAs en un día de 39 grados, él tenía frío.
Su espalda estaba fría, sus brazos algo laxos.

Siguió caminando.

Sintió ahora un crujir en su interior, parecido al sonido de las tripas de un vientre cantor, era raro.. no venía de la panza.

Después de pensar un poco en aquella sensación de frío en el calor, en ese apetito no estomacal, el doctor llegó a la siguiente conclusión:- Tengo hambre, ese hambre del que habla Eduardo, el hambre de abrazos.
                                                                                           GB

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