Se sintió
húmedo, se movió y el líquido empezó a escurrir… le pasaba entre los dedos de
los pies.
Le teñía la
piel, barría con sus pelos.
No podía
detenerlo. Se hundía cada vez más.
El sabor
era amargo. El olor fuerte.
Se ahogaba.
La tinta
brotaba por debajo de sus uñas.
Giraba,
flotaba
y volvía a
sumergirse.
La sábana
manchada, la birome explotada, los dedos cansados, y el anotador caliente de
nuevos textos.
GB