Atea: no
creías en nada;
Llovía y
buscabas sol detrás de una ventana.
Las
certezas cada vez se fueron más lejos, ya no las veías, ya no las sentías.
No creíste
nunca que algún día llegaría, vestida de rosarios, la verdad.
Entre
cruces, mitos e iglesias desnudaste tu cuerpo, para bañarte en agua bendita;
robaste el vino de la iglesia y bailaste frente a una cruz con Jesús
ensangrentado.
Nadie se
despertó, nadie te escuchó.
Te
vestiste, con las mismas dudas, sin las mismas certezas.
Aún más
atea, pero menos crucificada.
María
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