miércoles, 28 de agosto de 2013

Atea

Atea: no creías en nada;
Llovía y buscabas sol detrás de una ventana.
Las certezas cada vez se fueron más lejos, ya no las veías, ya no las sentías.
No creíste nunca que algún día llegaría, vestida de rosarios, la verdad.
Entre cruces, mitos e iglesias desnudaste tu cuerpo, para bañarte en agua bendita; robaste el vino de la iglesia y bailaste frente a una cruz con Jesús ensangrentado.
Nadie se despertó, nadie te escuchó.
Te vestiste, con las mismas dudas, sin las mismas certezas.

Aún más atea, pero menos crucificada.

                                                           María

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