Camina con una sensación extraña.
Un apetito desconocido lo domina,
Desde la esquina divisa su objetivo, claro, armonioso.
Ya no transita solo, pues pareciera que a su danzar lo ayudaban fuerzas externas, majestuosas, imperiales.
Entra. Luminoso lugar de olor sintético. Sonrisas de plástico lo reciben, lo atienden.
Sigue sintiéndose raro, algo había perdido, algo había extraviado al cruzar aquella sublime puerta. Pero no se sentía más libre y liviano,
La adrenalina le recorría el cuerpo, miraba con ansias hasta elegir su presa. Se sentía más pesado y atrapado.
Cuestión de segundos y la tiene el manos. Perfectos envueltos de lucientes combinaciones y colores.
Mira sus manos, no las reconoce. Atacan.
Desaforado, mastica. Desorientado, traga. Se babea, se ensucia. Se apura, se desespera.
Nuevamente cuestión de segundos. Termina. Agitado se inclina hacia atrás. Satisfecho. Lleno de vacío.
Se para, sin entender qué es lo que olvidaba.
Abre la puerta, ahora más pesada.
Sale y lo encuentra. Su ideal lo escupe y le abofetea la cara.

