La luna es igual.
No alumbra más a algunos, ni menos a unos pocos.
No brilla más en puerto madero que en la villa 21 de barracas.
No nos encasilla en normales o diferentes.
Bajo la luna somos todos meros relieves de la tierra.
Y quizá hoy elige estar inmensa para indicarnos dónde pisar. Tal vez si hoy estaba cuarto menguante le errabas en tu decisión, o le chingabas de camino.
La luna te hace levantar la cabeza, y en ese subir de ojos te está ayudando a abstraerte. Te invita a que estés donde imagines estar, porque la luna es igual, en la terraza de Parque Patricios, en El Boquerón, o en La Polola …la luna es la misma.
Abriéndote los ojos te lleva al deleite de descubrir de qué está hecha.
Y si una nube se acerca, la luna la hace brillar incandescente, la luna no es egoísta.
La luna es compartir. ¿Cuántos ojos estarán ahora depositados en ella? ¿Desde cuántas partes del mundo la estarán mirando? [Aquel pibe que vuelve del laburo en bondi, acaba de pasar por una cuadra de edificios bajos, y la vio, y sonrió, agotado de un día agitado en capital, la vio, y sonrió.]
¿Cuántos humanos habrán escrito acerca de ella? ¿Cuántas canciones tendrá?
¿Cuántos se habrán enamorado mirando la luna? ¿A cuántas personas hiciste besar, satélite?
Inmenso cuerpo volátil, gracias por despejarme hoy.
Georgina Brachetta. .
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